Silvia Ribeiro*

Del 19 al 22 de abril se realizará en Cochabamba, Bolivia, la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra. La iniciativa fue anunciada por el presidente Evo Morales después del desastre de las negociaciones sobre cambio climático en Copenhague el pasado diciembre. Es una respuesta a la urgencia del caos climático y una interpelación a los gobiernos del Norte y otros que, como Brasil, India, China y Sudáfrica, firmaron –a espaldas de todos los demás y de años de negociaciones en Naciones Unidas– el llamado Entendimiento de Copenhague”, una burla a los pueblos del Sur más afectados por el caos climático.

Las metas de reducción de gases de efecto invernadero a que se comprometieron los países firmantes de ese entendimiento (sin ninguna obligación legal), garantizan que el planeta se seguirá calentando vertiginosamente, aumentando la temperatura promedio del globo hasta 4 grados Celsius antes de 2050. Es una catástrofe de proporciones épicas, según los informes científicos de referencia en Naciones Unidas. Este nivel de calentamiento provocará huracanes, inundaciones y sequías mucho más violentas y extremas, la desaparición de todos los glaciares (y la debacle de abastecimiento de agua en grandes áreas conectadas), el exterminio de los arrecifes coralinos, la extinción de casi la totalidad de animales y plantas actualmente en peligro de extinción, menor rendimiento (hasta de 30-40%) en cultivos básicos, situaciones de hambruna extremadamente agravadas en los países de África subsahariana, la desaparición o daño irreversible de zonas costeras y países isleños, la reducción drástica de agua dulce por salinización de las capas freáticas y otros desastres mayúsculos.

Esta debacle anunciada (y firmada) es el contexto mundial de la próxima conferencia en Cochabamba. La respuesta de los movimientos y organizaciones sociales del mundo a esta iniciativa ha sido contundente y masiva, en parte por la preocupación sobre el tema, pero también por la necesidad de llamar las cosas por su nombre. Es refrescante que en lugar de floreos diplomáticos, desde la convocatoria se establece que “el cambio climático es producto del sistema capitalista”, y que los temas a debate vayan directo al hueso de problemas reales.

Hay más de 13 mil asistentes registrados, de un centenar de países, la mayoría de pueblos originarios, campesinos, movimientos y organizaciones sociales de países latinoamericanos. También delegados de gobierno de 90 naciones, porque Bolivia “convoca a los pueblos y movimientos sociales y defensores de la Madre Tierra en el mundo e invita a los científicos, académicos, juristas y gobiernos que quieren trabajar con sus pueblos”. Asistirán una mayoría de países del Sur, pero entre otros, Francia, Rusia y España también enviarán delegados.

El análisis de las causas estructurales y sistémicas que provocan el cambio climático y medidas de fondo y estrategias para enfrentarlas son uno de los ejes centrales de la conferencia. También debatir y acordar un proyecto de Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra; sentar las bases para un Tribunal Internacional de Justicia Climática; acordar propuestas para las negociaciones de cambio climático de Naciones Unidas (que en diciembre sesionarán en Cancún) sobre temas que incluyen la crítica y peligros del comercio de carbono, migrantes climáticos, tecnologías, pueblos indígenas, agricultura y soberanía alimentaria, bosques y otros.

Los temas a debatir están organizados en 17 grupos de trabajo que sesionarán en mesas durante la conferencia, además de un centenar de eventos autogestionados por movimientos y organizaciones del mundo. Las mayores organizaciones sociales de Bolivia participaron en una “pre-cumbre” a finales de marzo, para dar sus aportes a cada mesa. Asistieron delegados de la Central Obrera Bolivia, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia “Bartolina Sisa”, el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasusyu, la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia y la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia. Sus aportes están en el sitio de la conferencia (www.cmpcc.org). Constituyen un arcoiris de fuertes críticas y propuestas, que incluye también contradicciones dentro de los propios temas –sobre lo cual habrá oportunidad de debatir en Cochabamba– y con posiciones y estrategias gubernamentales. Los movimientos de Bolivia están vivos y exigen cuentas al gobierno continuamente desde sus propias autonomías y visiones.

Muchos otros movimientos sociales, campesinos, indígenas, ambientalistas de otros países se preparan para la conferencia. La Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas, desde su segundo congreso realizado en marzo en Ecuador, expresó: “La crisis climática no se resuelve con dinero (…) Enjuiciaremos a los países y empresas trasnacionales responsables del cambio climático, expulsaremos a las empresas que dañan la Pachamama, resistiremos los proyectos que dañan la tierra y el agua e impediremos concesiones en nuestros territorios (…) de proyectos extractivos (minería, petróleo, forestales e hidroeléctricas) para detener el maltrato a la Madre Tierra”.

Aunque estarán en franca minoría también asistirán quienes se proponen lo contrario, tanto de gobiernos como empresas e intereses comerciales. Por ejemplo, entre los eventos auto-organizados hay uno de promotores de geoingeniería, para tratar de ganar legitimidad a tan riesgosa y absurda alternativa. Estas y otras propuestas serán contestadas en lo que sin duda, será un hito de la discusión global sobre el cambio climático.

* Investigadora del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (México)