(Cambio – Opinión) Wálter Ego – Periodista

Ha empezado en Cochabamba una fiesta inusitada por la defensa del aire, del agua, el verde y de una vez por la vida. El espacio ciertamente ha de resultar pequeño, pero es la voluntad que prima, la gana de estar aquí en el punto de partida de la guerra que hay que dar, como dice Evo Morales, por la existencia del hombre en su hábitat, el Planeta llamado Azul no por nada.

Tan grande acontecimiento habría sido imposible de imaginar hace apenas unos 20 o 30 años, porque el ruin capitalismo se hacía el sordo y el ciego y en un rato el agresivo homicida y ecocida porque le urgía expandirse a costa de los recursos naturales y la salud de los pueblos.

Está ocurriendo en Bolivia la Cumbre Internacional Climática de los Pueblos y los Derechos primarios de la Pachamama, es decir “tiempo y espacio” de nuestra madre la Tierra. Porque Pacha significa Siempre en el idioma indio; Pacha, el eterno retorno de las cosas y los tiempos. Y por eso Pachacutiy: vuelve siempre. Y por eso Pachacamac, Sumajpacha: Pachamama.

En Tiquipaya del valle rolan 17 mesas de trabajo identitario, preocupado y severo de los sabios analistas, científicos de alto vuelo para delinear los rumbos de la nueva ecología, pero también gente llana, los ciudadanos de a pie venidos de todas partes para decir lo que piensan, lo que creen, lo que sueñan, sus razones bien plurales para avivar esta lucha por el amor, por la vida. Sin desdeñar esa gesta de la gente peregrina reunida en nuestra patria, , este artículo quisiera voltear la mirada al lado de los que desde trincheras menos aguerridas, tiernas, están dando su batalla por la defensa del clima.

Me refiero a los poetas, los músicos y cantores que consagraron sus artes a la conquista del alma ecológica del pueblo, a los que con sus tonadas y sus versos se consagran a la salud de los ríos, al buenaire de las plantas, la santidad de la tierra consagrada en las cosechas y, en fin, a los que en su canto asumen la paz del mundo y del cielo sobre bases de equilibrio entre el respeto y la urgencia de decirlo aquí y ahora.

Son múltiples los ejemplos y no se ha de nombrar a todos por razones que son obvias. Se llama Luzmila Carpio, una tiple campesina, chayanteña por más señas que hace reverencia al árbol, la piedra, la hierba, el río, y pide a sus llajtamasis que cumplan simples deberes para la salud del cuerpo, hervir el agua a ingerir, usar las hierbas con tino, tomar el sol y la lluvia agradeciendo a la tierra.

Otro es Marco Lavayen, cochabambino de cepa, que tiene canciones puras y de aguerridos acentos en defensa de los riscos, las semillas y raíces de su inmarcesible valle. “¿Qué pasa, pues, mamay?”, pregunta, alarmado el compañero frente a la tanta desidia de la gente y sus gobiernos. Otro disco pionero va en defensa del planeta comido por los gusanos que habitan en sus entrañas.

“Canto Vivo” es el conjunto de tres artistas del alma de antiguo comprometidos con la defensa del agua. Ellos son Leguizamón Mercado y Roncal los mismos que encumbraron en sus cantos los lindes de aquella guerra “por el agua y por la vida” en su natal Cochabamba. Y Luis Rico también marca bien alto en la justa ecológica y rotunda que hoy se celebra en Bolivia.

Aquel “Funeral del río” con letra de Coco Manto fue señal y derrotero para saber por qué diablos se contaminan los ríos y se ponen nubarrones en los dominios solares.    Sé de los himnos tempranos compuestos por el insomne poeta y amigo Gabriel Bermúdez; letras para cueca y tinku escritas a contrapelo de su entorno indiferente pero asaz contaminante.

No solamente vallunos, hay bardos y existen vates que en los Andes y en la selva celebran misas creativas en el altar de las santas ecologías, paraísos de los pájaros y peces, los venados, las gallinas, los corderos y serpientes. Hablo del Canto Barroco que es religión musical de los pueblos del Oriente. Los coros de Urubichá, de San Ignacio de Moxos y las siete compañías de niños cambas que cimbran con su barroquismo al mundo.

Man Césped era el gran sabio que ya en el siglo pasado delineó las estructuras de la defensa del clima o el derrumbe de la vida. Tantos hombres y mujeres, poetas, pintores, maestros, consagrados cada día a defender lo que ayuda a vivir bien, no mejor, que esa es la filosofía de esta viva temporada de laureles y de cambios que está viviendo Bolivia.  Larga vida a los llegados de todas partes del mundo a la Cumbre de los Pueblos por el Clima y por la Vida. Que Tiquipaya les sea grato lugar para acuerdos y concilios necesarios y así afrontar con certezas de victoria la batalla que han de dar sin duda el capitalismo y sus hordas mercenarias para evitar que les quiten, les supriman y trituren sus injustos privilegios de ecocidas y enemigos de la humanidad que somos.

Vivan la vida y la Cumbre Internacional de abril en Tiquipaya, Bolivia. Mueran la guerra nuclear y las bases de la muerte que monta el imperialismo. Más nos vale activos hoy, que radiactivos mañana.