(7 de mayo, Nueva York) Discurso de Evo Morales Ayma, Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, al Grupo del G 77 + China en las Naciones Unidas

Vengo a compartir las conclusiones de la Primera Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra realizada del pasado 20 al 22 de abril en Cochabamba, Bolivia.

He convocado a esta Conferencia porque en Copenhague no se escuchó ni atendió la voz de los pueblos del mundo, ni se respetó los procedimientos preacordados de manera consensuada por los Estados.

En esta Conferencia participaron 35.352 personas, de estas 9.254 fueron delegados extranjeros, que representaron a movimientos y organizaciones sociales de 140 países y cinco continentes. Así mismo en este evento contamos con la presencia de delegaciones de 56 gobiernos.

Los debates en la Conferencia estuvieron organizados en 17 Grupos de Trabajo. El llamado “Acuerdo de los Pueblos” que adoptó la Primera Conferencia es un resumen de las conclusiones de estos 17 Grupos de Trabajo. De entre todos estos documentos quiero destacar el proyecto de Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra.

Como Estado Plurinacional de Bolivia hemos presentado formalmente estas conclusiones, el pasado 26 de abril, al proceso de negociación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático acompañado de una propuesta técnica.

El Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia convocó a esta Conferencia porque los países llamados desarrollados no cumplieron con su obligación de establecer compromisos sustanciales de reducción de gases de efecto invernadero en la Conferencia de Copenhague del año pasado sobre Cambio Climático.

Si estos países hubieran respetado el Protocolo de Kioto y hubieran acordado reducir sustancialmente sus emisiones dentro de sus fronteras, la Conferencia de Cochabamba no hubiera sido necesaria.

Personalmente estoy convencido que la única forma de garantizar un resultado positivo en Cancún, México, es con la amplia participación de los pueblos del mundo y con la más férrea unidad de los países del G77 + China.

En el G77+China estamos 130 países en desarrollo que somos los menos responsables del cambio climático y, sin embargo, los más afectados por los graves impactos del calentamiento global. Representamos dos terceras partes de los países que integran las Naciones Unidas que comprenden cerca del 80 % de la población mundial. En nuestras manos está salvar el futuro de la humanidad, del planeta tierra y hacer escuchar y respetar la voz de nuestros pueblos.

¡Por eso he venido aquí a compartir con el G77 + China!

Todos sabemos que en el G77 más China hay una gran diversidad de posiciones políticas, económicas y culturales. Esa es nuestra fuerza. La diversidad en la unidad. Se que existen diferentes criterios en nuestro Grupo, pero también sé que cuando nos ponemos de acuerdo no hay fuerza que nos pare, ni nos detenga. Esa es la fuerza de la unidad de las sardinas frente a los tiburones. Eso ha pasado en la última reunión de cambio climático, en Bonn del 9 al 11 de abril, en la cual tardamos en ponernos de acuerdo, pero una vez que alcanzamos el consenso  en el G77+China el resto de los países desarrollados tuvieron que sumarse a nuestro consenso.

Quiero empezar destacando los puntos de encuentro, de convergencia, entre el G77 + China y la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra.

El primer punto de encuentro es la necesidad de preservar y hacer cumplir el Protocolo de Kyoto. Es decir, que los países desarrollados realicen compromisos sustanciales y domésticos de reducción de gases de efecto invernadero en el marco del Protocolo de Kioto.

En el G77 + China nadie está proponiendo liquidar o diluir el Protocolo de Kioto. Todos coincidimos en que los países del Anexo 1, que tienen la responsabilidad histórica por las emisiones de gases de efecto invernadero, deben honrar sus compromisos y obligaciones en el marco de los tratados internacionales sobre cambio climático.

La Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra exige a los países desarrollados reducir en un 50 % sus emisiones de gases de efecto invernadero, dentro de sus fronteras, tomando los niveles de 1990, para el segundo período del Protocolo de Kioto.

Actualmente, las ofertas de reducción de gases de efecto invernadero de los países desarrollados, en el mejor escenario, solo alcanzan una reducción real del 2% de los niveles de 1990.

La Conferencia de Cochabamba no propuso sustituir la metodología del Protocolo de Kioto por compromisos voluntarios de reducción de gases de efecto invernadero que no estén en función de una meta mundial y donde no hay comparación de esfuerzos entre lo que hace un país y otro país desarrollado.

El Acuerdo de los Pueblos dice: “Los Estados Unidos de América, en su carácter de único país de la Tierra del Anexo 1 que no ratificó el Protocolo de Kioto, tiene una responsabilidad significativa ante todos los pueblos del mundo, por cuanto debe ratificar el Protocolo de Kioto y comprometerse a respetar y dar cumplimiento a los objetivos de reducción de emisiones a escala de toda su economía.”

La segunda convergencia entre la Conferencia Mundial de los Pueblos y el G77 + China es la necesidad de que esa reducción de emisiones de los países desarrollados sea lo más profunda posible, para estabilizar el incremento de la temperatura, en lo posible, en un rango de 1,5 a 1º C.

Aquí todos los países en desarrollo sabemos que un incremento mayor de la temperatura traerá graves consecuencias para la provisión de alimentos, las zonas costeras, los glaciares y el África. Todos aquí en el G77+China estamos decididos a evitar que un sólo Estado insular quede bajo el océano.

Un tercer punto de encuentro entre el G77 y la Conferencia es el tema de la deuda climática que tienen los países desarrollados con los países en desarrollo. En la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático se discutió mucho este concepto y se vio que esta deuda climática tiene los siguientes componentes:

Un primer componente es la devolución del espacio atmosférico que ha sido ocupado por los países desarrollados con sus emisiones de gases de efecto invernadero afectando a los países en desarrollo. Los países desarrollados deben descolonizar la atmosfera para posibilitar una equitativa distribución del espacio atmosférico entre todos los países, según su población.

Un segundo componente es la deuda con los migrantes forzados por el cambio climático que ya suman 50 millones en el mundo y que pueden alcanzar para el 2050 la cifra de 200 a 1.000 millones de personas. Para honrar esta deuda los países desarrollados, causantes del cambio climático, tienen que abrir sus fronteras para recibir  a los migrantes afectados. Es absolutamente inaceptable una ley migratoria como la de Arizona o la Directiva del Retorno de la Unión Europea.

Un tercer componente es la deuda con nuestra Madre Tierra. Porque no sólo se ha afectado a los seres humanos y a los países en desarrollo, sino también a la naturaleza. Para honrar esta deuda la Primera Conferencia Mundial de los Pueblos considera que es fundamental discutir aquí en las Naciones Unidas una propuesta de Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra que establezca las obligaciones de todos los seres humanos con la naturaleza y que reconozca, en la forma de derechos, los limites que tiene que tener la actividad humana para preservar el planeta Tierra.

Algunos de los derechos de la naturaleza que se proponen son:

  • El Derecho a la vida y a existir;
  • El Derecho a la regeneración de su biocapacidad y continuación de sus ciclos y procesos vitales libres de alteraciones humanas;
  • El Derecho a estar libre de contaminación, polución y desechos tóxicos o radioactivos;
  • El Derecho a no ser alterada genéticamente y modificada en su estructura, amenazando su integridad o funcionamiento vital y saludable;

Esperamos que esta propuesta de Declaración de Derechos de la Madre Tierra se empiece a discutir y analizar en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Por último está el componente económico de la deuda climática que comprende la deuda de adaptación y la deuda de desarrollo que tiene los países industrializados con los países en desarrollo.

Sobre el tema del financiamiento, la Conferencia Mundial de Los Pueblos consideró que para el cambio climático se debe destinar un presupuesto similar al presupuesto que los países destinan para sus gastos militares y de seguridad.

El monto de 10.000 millones de dólares que están ofreciendo los países desarrollados es menos del 1 % de todo lo que gastan a nivel de su presupuesto de defensa. No es posible que se destine 120 veces más recursos para la guerra y la muerte que para preservar la vida y nuestra Madre Tierra.

Los países desarrollados deben comprometer un financiamiento anual nuevo, adicional a la Ayuda Oficial al Desarrollo y de fuente pública, para enfrentar el cambio climático en los países en desarrollo. Este financiamiento debe ser directo, sin condicionamientos y sin vulnerar la soberanía de los Estados.

Es necesario establecer un nuevo mecanismo de financiamiento que funcione bajo la autoridad de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, con una representación significativa de los países en desarrollo para garantizar el cumplimiento de los compromisos de financiamiento de los países del Anexo 1.

La Primera Conferencia Mundial de los Pueblos propone crear un mecanismo multilateral y multidisciplinario para la transferencia de tecnologías. Estas tecnologías deben ser útiles, limpias, y socialmente adecuadas. La Conferencia de Cochabamba considera fundamental el establecimiento de un fondo de financiamiento e inventario de tecnologías apropiadas y liberadas de derechos de propiedad intelectual, en particular, de patentes que deben pasar de monopolios privados a ser de dominio público y de libre acceso.

La Primera Conferencia constató que los países desarrollados incrementaron sus emisiones en un 11,2 % en el periodo 1990 – 2007, a pesar de haber manifestado que la reducción se vería sustancialmente coadyuvada con mecanismos de mercado.

El mercado de carbono se ha transformado en un negocio lucrativo que mercantiliza la naturaleza, favorece a solo algunos agentes intermediarios, y no contribuye significativamente a la reducción de gases de efecto invernadero.

La reciente crisis financiera ha demostrado que el mercado es incapaz de regular el sistema financiero, y que sería una total irresponsabilidad dejar en manos del mercado el cuidado y protección de la propia existencia humana y de nuestra Madre Tierra.

En esa medida, la Conferencia considero inadmisible que en las negociaciones en curso se pretenda crear nuevos mecanismos que amplíen y promuevan el mercado de carbono.

La Primera Conferencia planteo la sustitución de REDD (Reducción de emisiones por la deforestación y degradación de bosques) por un nuevo mecanismo que no esté basado en la promoción del mercado de carbono, que respete la soberanía de los Estados y el derecho de los pueblos al consentimiento libre, previo e informado. Este nuevo mecanismo debe transferir de manera directa recursos económicos y tecnológicos de los países desarrollados para pagar la restauración y mantenimiento de los bosques y selvas.

El tema de la agricultura y el cambio climático fue también ampliamente debatido y se adoptó el concepto de soberanía alimentaria que va más allá del concepto de seguridad alimentaria y que implica el derecho no sólo a la alimentación, sino el derecho de los pueblos a controlar sus propias semillas, tierras, agua y tecnología para la producción de alimentos en armonía con la Madre Tierra y al servicio de toda la comunidad y no sólo de los segmentos de mejores ingresos.

En este marco, se consideró que para enfrentar la crisis climática es necesario llevar adelante una profunda transformación de la agricultura que sólo está basada en el negocio y el lucro, fortaleciendo la agricultura para la vida, la comunidad y en equilibrio con la naturaleza.

En las negociaciones y la aplicación de los acuerdos de cambio climático es necesario garantizar plenamente los derechos de los Pueblos Indígenas.

La Conferencia también ha propuesto un nuevo tema a ser discutido en las negociaciones de cambio climático y de manera más amplia aquí en la Asamblea General de las Naciones Unidas: el establecimiento de un Tribunal de Justicia Climática y Ambiental para juzgar a los países desarrollados que incumplan sus compromisos y sancionar a los Estados y corporaciones que afectan los ciclos vitales de la Madre Tierra.

En nuestros pueblos hay mucha preocupación porque los acuerdos internacionales que suscribimos no se cumplen a cabalidad. Por eso hay el interés de crear mecanismos vinculantes que garanticen el cumplimiento y sean capaces de procesar y sancionar las violaciones a los Tratados Internacionales en materia ambiental y climática.

Otra propuesta tiene que ver con la necesidad de convocar a un Referéndum Climático para que la población mundial pueda decidir qué se debe hacer en un tema de tanta importancia, como es el cambio climático.

La Conferencia de Cochabamba nos está planteando el desafío de empezar a imaginar y promover una democracia mundial, en la que los temas de la humanidad sean definidos por todos los pueblos.

Para llevar adelante todas estas propuestas la Conferencia resolvió iniciar la construcción de un Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra.

La Conferencia de Cochabamba se detuvo a analizar el tema del desarrollo y qué clase de desarrollo queremos.

Algunos de los principales consensos fueron:

  • No puede haber desarrollo ilimitado en un planeta finito.
  • El modelo de desarrollo que queremos no es el de los llamados países desarrollados, porque es insostenible e inviable en un planeta finito y de recursos naturales limitados.
  • Para que los países en desarrollo satisfagan las necesidades de su población sin afectar al planeta Tierra, es esencial que los países desarrollados bajen sus niveles de sobre consumo y derroche.
  • Para lograr un desarrollo en armonía con la naturaleza es necesario lograr al mismo tiempo la armonía entre los seres humanos, a través de una distribución equitativa de la riqueza.

La Primera Conferencia Mundial de los Pueblos acordó proponer que en las negociaciones de cambio climático se analicen las causas estructurales del calentamiento global y se desarrollen propuestas alternativas de carácter sistémico.

Para la Primera Conferencia Mundial de los Pueblos, la causa de fondo de la crisis climática es el sistema capitalista. Lo que estamos viviendo no es sólo una crisis climática, crisis energética, crisis alimentaria, crisis financiera… sino también una crisis sistémica del capitalismo que está llevando a la destrucción de la humanidad y la naturaleza. Si la causa es sistémica la solución debe ser también sistémica. Por eso, en la Conferencia de los Pueblos se discutió mucho el tema de alternativas para vivir bien en armonía con la naturaleza.

Para concluir, la Conferencia consideró que para construir un futuro hay que aprender del pasado, que sigue presente entre nosotros, en la presencia de los pueblos indígenas que en todo el mundo han preservado formas de vida en armonía con la naturaleza.

Estimados Embajadores del G77 + China creo que la mejor forma de fortalecer nuestra unidad y nuestro accionar en las negociaciones es fortaleciendo nuestros consensos y discutiendo de manera franca y sincera los diferentes criterios y posiciones que tenemos.

En este camino es fundamental que no se repitan situaciones como las de Copenhagen el año pasado. Debemos hacer respetar la posición acordada en el Plan de Acción de Bali y defendida por el G77 + China de que la negociación de cambio climático continúe a través de los dos carriles que son el de “Acción de Cooperación a Largo Plazo” y el de “Protocolo de Kioto”.

En nuestra unidad está la fuerza para garantizar que esta negociación sea ampliamente participativa, transparente, se respete la igualdad de derechos de todos los Estados miembros de las Naciones Unidas, sean grandes o pequeños, y se escuche y respete la voz de nuestros pueblos.

En la unidad de los países en desarrollo esta el forjar un nuevo mundo de armonía entre los seres humanos y con nuestra Madre Tierra.

Señores Embajadores y Embajadoras

La respuesta al calentamiento global es la democracia mundial por la vida y la Madre Tierra. Seamos limpios y activos hoy por la humanidad, y no  tóxicos y reactivos mañana contra la naturaleza. Por lo tanto, estimados embajadores, tenemos sólo dos caminos, salvar al capitalismo o salvar la vida y a la Madre Tierra.

Muchas Gracias