(EFE) El embajador de Bolivia ante la ONU, Pablo Solón, afirmó hoy en Bonn, en el marco de la ronda de negociaciones formales sobre el cambio climático, que es “imperativo” alcanzar un acuerdo en la próxima cumbre de Cancún (México) y apeló a la presión social para conseguirlo.

En un encuentro con medios de habla hispana, Solón señaló que una postura como la que defiende el responsable de la ONU para cambio climático, Yvo de Boer, quien considera que sólo habrá un acuerdo definitivo el año que viene en Sudáfrica, o incluso más allá, sería “catastrófico para el planeta”.

“Sería dar piedra libre para las emisiones durante una década”, manifestó.

“Ya vamos retrasados con respecto a los plazos que contempla el Protocolo de Kioto. Si se sigue postergando la decisión, la situación será mucho más grave”, afirmó.

Lamentó que las naciones ricas “estén primando los intereses” de las empresas multinacionales antes que las de los “pueblos” y argumentó que sólo si hay una “fuerte presión social” se puede alcanzar un resultado “relativamente exitoso” en Cancún.

Afirmó que los países industrializados están desplegando en la reunión de Bonn su “arte de complicar las cosas para demorar los acuerdos” en lo relativo al futuro del Protocolo de Kioto, cuyo primer periodo de aplicación termina en 2012.

Señaló que hay países como Bielorrusia, Rusia y Ucrania que ya han alcanzado a día de hoy una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero del 50 por ciento con respecto a 1990 y que, de acuerdo a las actuales reglas, podrían trasladar esas reducciones al periodo entre 2013 y 2017 y no realizar ningún esfuerzo adicional.

“Pero si anteponemos las reglas a los objetivos, acabaremos con el planeta”, afirmó.

Explicó que, en la práctica, las propuestas generales de reducción anunciadas por los países miembros de la Convención de la ONU sobre Cambio Climático se traducirán en un incremento de entre el 4 y el 7 por ciento de las emisiones entre 2013 y 2017 con respecto al nivel de 1990.

Criticó con dureza que los países industrializados se opongan a fijar unas cifras globales, homogéneas y comparativas de reducción y les instó a comunicar “honestamente cuál será su reducción doméstica real” y no a emplear vericuetos legales para “maquillar” esos datos.

“Es como si en una aldea vemos que viene una riada y le decimos a cada habitante que traiga las piedras que quiera. Y con eso hacemos un dique, que a ver si llega a la altura que alcance el agua. En lugar de calcular hasta dónde subirá el agua y cuántas piedras hacen falta y repartir el esfuerzo entre todos”, indicó.

Aludió a la “responsabilidad histórica y ecológica” de los países ricos y calificó de injusto que ahora intenten introducir las mismas reglas de juego, en cuanto a volumen de reducciones y mecanismos de supervisión, a los países en vías de desarrollo.

“El trato no puede ser igual para los países desarrollados que para los países en desarrollo”, sostuvo.

Criticó que las naciones ricas “no quieren que salga un acuerdo global” de Cancún y afirmó que sólo buscan resultados parciales.

En ese sentido apuntó a los tres puntos que ese grupo de países espera ver plasmados en Cancún: sistemas de control y supervisión para los países en desarrollo, una nueva normativa sobre deforestación y concretar la financiación de 10.000 millones de dólares anuales hasta 2012 que prometieron en Copenhague.