Artículo de Pablo Solón en  http://www.guardian.co.uk

“Los países industrializados nos han advertido  que mantendrán sus expectativas bajas, pero vamos a insistir en que su objetivo debe ser más alto”, dijo el Embajador de Bolivia ante la ONU, Pablo Solón.

Las conversaciones sobre cambio climático empiezan esta semana y la frase común que se extiende por los medios de comunicación y algunos negociadores es el de “bajas expectativas”. Me pregunto sobre qué expectativas ellos están hablando. Ellos piensan que el millón de personas de la ciudad de El Alto de Bolivia, que enfrentan un incremento crónico de la escasez de agua debido a la desaparición de los glaciares, ¿tienen bajas expectativas?. Ellos piensan que las isleños del Pacífico, cuyas tierras pronto desaparecerán debido al aumento del mar ¿tienen bajas expectativas?. Creo que la mayoría de la humanidad demanda y tiene altas sus expectativas, por lo que nuestros líderes políticos deben actuar para parar el ya descontrolado cambio climático.

La realidad es que los discursos sobre las “bajas expectativas” son una táctica de un grupo pequeño de países industrializados para oscurecer sus obligaciones de actuar. Ellos están jugando políticamente con el futuro del planeta. Si las conversaciones de Cancún establecen una navegación sin viento nadie estará furioso cuando ellos encallen. Con tristeza, más que pánico moral, muchos de los medios de comunicación e incluso algunas organizaciones medioambientales se han subordinado a este cinismo de los poderosos. El último año tuvimos Hopenhagen (“la esperanza de Copenhague”) y la indignación pública mundial cuando los países ricos fallaron por no actuar. ¿Este año será Can’tCun (“no se pudo en Cancún”)?

Tenemos evidencia visible del cambio climático alrededor nuestro. Se puede encontrar casi diariamente en las pantallas de televisión de los países ricos noticias de inundaciones en Pakistán, olas de calor en Rusia, el derretimiento del hielo sin precedentes en el Artico. En Bolivia estamos batallando cada día para enfrentar con los limitados recursos y cada vez más con el clima inestable. Este año, a lo largo de toda  Bolivia la sequía significó que tuvimos que proveer ayuda con alimentos de emergencia a cientos de miles de personas. Hemos visto que nuestras montañas andinas, reverenciadas como “apus” (dioses sagrados) o espíritus por nuestros pueblos indígenas perdieron sus picos blancos, y sentimos una pérdida de nuestra cultura e historia. 

Cada año fallamos en actuar, lo cual solamente empeora una ya seria crisis que significa que cada medida que debemos ir tomando debe ser incluso más radical. Al ver cómo debemos eliminar las obstrucciones de Cancún uno constantemente se rebela contra los Estados Unidos. Pero no solamente los Estados Unidos tienen la mayor responsabilidad histórica por la emisión de carbono, sino que sus líderes políticos son también los menos preparados para actuar. Mientras que los países en desarrollo como China están imponiendo cortes de electricidad para cumplir sus metas climáticas, muchos en los Estados Unidos están todavía debatiendo sobre si el cambio climático existe.

Desafortunadamente la responsabilidad de los Estados Unidos va más allá que solamente la inacción ya que efectivamente sabotean el progreso internacional en cambio climático. En Copenhague este año, los Estados Unidos han sido los primeros instigadores detrás de los intentos para terminar con el Protocolo de Kyoto, el único mecanismo vinculante en cambio climático. En su lugar ellos arengan, amedrentan e insisten en que cualquier negociación climática debe basarse en el acuerdo no vinculante de Copenhague, el mismo que retrocede en la lucha contra el cambio climático. Los análisis sobre las promesas de las Naciones Unidas realizadas bajo el acuerdo de Copenhague muestran que las temperaturas se incrementarán en cuatro grados –un nivel que muchos cientistas consideran desastroso para la vida humana y nuestros ecosistemas.

Es importante recordar que anteriormente hemos estado en una situación similar. En las negociaciones del Protocolo de Kyoto en los años 1990, la Unión Europea propuso metas relativamente ambiciosas de reducir en el 15% de las emisiones al año 2010 y arguyeron correctamente que la acción doméstica debería ser la principal medida para lograr la reducción de emisiones. Los Estados Unidos se opusieron a cualquier meta o cronograma, y luego empujaron para  bajar el conjunto de metas de los países desarrollados al 5% para el 2012, e insistieron en permitir mecanismos fraudulentos de mercado de carbono para alcanzar esas metas. El amedrentamiento prevalece pero para alcanzar nada, ya que el Senado de los Estados Unidos no ratificó el Protocolo de Kyoto y el 2001 el Presidente Bush lo retiró formalmente. El resto del mundo hace lo imposible para involucrar a los Estados Unidos, e incluso así ellos fallaron en tomar acciones.

No podemos permitir que esto suceda nuevamente. No es correcto que un pequeño puñado de senadores de los Estados Unidos tenga secuestrada al resto de la humanidad. Si los Estados Unidos no pueden hacer lo que es correcto, ellos deben dar un paso al costado. Mientras tanto el bloque de los países desarrollados, como la Unión Europea, ya no debe esconderse detrás de la intransigencia de los Estados Unidos. Ellos deben comprometerse urgentemente a reducir la emisión de los gases de efecto invernadero al 50% antes del año 2017.

Los primeros meses de este año, Bolivia llevó a cabo la Conferencia Mundial de los Pueblos por el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, que concentró a más de 30.000 personas de 140 países para avanzar en propuestas efectivas en cambio climático, como consecuencia del fiasco de Copenhagen. Esto fue inspirador por la pasión y compromiso de los delegados y porque estuvo completamente concentrada en afrontar el cambio climático y sus causas de raíz. Frecuentemente, supeditadas a un lobby intenso por parte de grandes corporaciones, las conferencias de Naciones Unidas en cambio climático están más preocupadas en inventar nuevos mecanismos de mercado para hacer dinero antes que por detener el cambio climático. Contra estos intereses poderosos, Bolivia cree que la única vía hacia adelante para salvar la Tierra y su gente es la presión popular. Debemos insistir a nuestros líderes políticos que tenemos altas expectativas de Cancún, porque nada menos que el futuro de nuestros nietos y nuestro planeta depende de ello.