Comunicado de Prensa

Diciembre 11, 2010 (Cancún, Mexico).- El Estado Plurinacional de Bolivia cree que el texto de Cancún es una victoria vacía y falsa que fue impuesta sin consenso, y su costo será medible en vidas humanas. La historia juzgará severamente.

Solamente existe una manera de medir el éxito de un acuerdo climático, y esto se basa en que si es o no efectivo para las reducciones de emisiones para prevenir el cambio climático. Este texto claramente falla, pues permite elevar la temperatura global en más de 4 grados, a niveles desastrosos para la humanidad. Recientes reportes científicos muestran que 300.000 personas ya están muriendo cada año por los desastres relacionados con el cambio climático. Este texto amenaza con el aumento de muertes anuales a un millón. Eso es algo que nosotros nunca aceptaremos.

El año pasado el mundo reconoció que Copenhague fue un fracaso tanto en contenido como en proceso. Este año, una campana deliberada para reducir las expectativas y la desesperación por cualquier acuerdo ha dado lugar en substancia a lo que es el Copenhague II.

La llamada ‘victoria’ para el multilateralismo es realmente una victoria para las naciones ricas que intimidaron y forzaron a otras naciones a aceptar un acuerdo en sus términos. Las naciones más ricas no ofrecieron nada nuevo en reducción de emisiones o de financiación, y en lugar han buscado en dar marcha atrás a los compromisos existentes, e incluir todas las escapatorias posibles para disminuir su obligación de actuar.

Mientras que las naciones en vías de desarrollo – las que se enfrentan las peores consecuencias del cambio climático – abogaron la ambición, nos han ofrecido en lugar el “realismo” de gestos vacíos. Propuestas por parte de los países poderosos como los EE.UU. fueron tratadas como sacrosantas, mientras que las nuestras eran desechables. Los acuerdos fueron siempre a expensas de las víctimas, en lugar de los culpables del cambio climático. Cuando Bolivia dijo que no estaba de acuerdo con el texto en las últimas horas de conversaciones, la objeción fue rechazada. Un acuerdo en el que sólo los poderosos llegan a la victoria no es una negociación, es una imposición.

Bolivia llegó a Cancún con propuestas concretas que traen esperanza para el futuro. Estas propuestas fueron acordadas por 35.000 personas en una histórica Conferencia Mundial de los Pueblos de Cochabamba en abril de 2010. Estas buscan soluciones justas a la crisis climática y abordar sus causas profundas. En el año transcurrido desde Copenhague, estas propuestas se integraron en el texto de negociación de las partes, y sin embargo el texto de Cancún excluye sistemáticamente estas voces. No pueden convencer a Bolivia de abandonar sus principios o los de los pueblos que representamos. Vamos a seguir luchando junto a las comunidades afectadas en todo el mundo hasta lograr la justicia climática.

Bolivia ha participado en estas negociaciones de buena fe y la esperanza de que podamos lograr un acuerdo climático efectivo. Estábamos dispuestos a ceder en muchas cosas, salvo la vida de nuestro pueblo. Lamentablemente, eso es lo que las naciones más ricas del mundo esperan que hagamos. Los países pueden tratar de aislarnos de nuestra posición, pero hemos venido aquí en representación de los pueblos y movimientos sociales que quieren una acción real y eficaz para proteger el futuro de la humanidad y la Madre Tierra. Sentimos su apoyo como nuestro guía. La historia será el juez de lo que ha sucedido en Cancún.